Apofis ("el que fue escupido"): Enemigo cósmico que simboliza el mal y el conjunto de fuerzas destructivas.
Su representación es una serpiente de dimensiones gigantescas (de nuevo, la lucha del hombre contra un gran sauro, sea un dragón o un reptil más común) aunque también adopta la forma de otros animales eventualmente.
El origen de este monstruo sólo viene referido de una forma precisa en el templo de Esna en el Alto Egipto.
Su nombre deriva de su nacimiento: surgió de la saliva de la diosa Neith (una diosa andrógina, uno de los pocos casos de dios demiurgo) cuando ésta cayó en las aguas primordiales. Los llamados "dioses anteriores" repudiaron el escupitajo de la diosa, así que la serpiente monstruosa proscrita optó por la sublevación. Por decirlo así, es una personificación (animalización, más bien) del caos.
Habita en las profundidades de las tinieblas, en el abismo que alberga a los pecadores, a los que no han podido ser salvados en el momento del juicio, a los muertos y a los enemigos de los dioses (como es el caso de esta serpiente).
Cada mañana y cada noche ataca a la barca solar con el único propósito de hacerla hundirse para interrumpir el proceso de creación. Cada día es vencida y condenada a caer en la no existencia. Esta simbología será retomada en época romana con el Uroboros ("el que se traga su cola"): el círculo completo del cuerpo de la serpiente representa la nada que asedia al mundo organizado en cualquier lugar.
Los principales enemigos de Apofis son Isis y Seth, apostados en lugares estratégicos de la barca solar para defenderla.
[Aude Gros de Beler: Mitología Egipcia. Ed: Lisma, 2001.]